¡Mazatlán!, conociendo la perla del Pacífico

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Si te soy sincera, nunca tuve muchas inclinaciones por vacacionar en la playa. Cuando niña tuve la oportunidad de conocer el mar en una ciudad estadounidense cerca de Mcallen, Texas. Por aquel entonces, pasar horas bajo el sol y con el cuerpo lleno de arena no me parecía nada atractivo.

No fue hasta que crecí y comencé a trabajar cuando se me metió en la cabeza la idea de escaparme al mar para pasar mis vacaciones de invierno intentando olvidar todos los pendientes que se acumulaban en mi vida.

Llevaba dos años trabajando y manejándome de manera independiente y nunca antes había realizado un viaje por mí misma, es decir, uno que no involucrara el salir con mi familia. Necesitaba algo así, sentirme un poco independiente, ya saben.

Así que cierto día, mientras miraba esos anuncios de Internet que mostraban fotografías de paradisíacos lugares, decidí que era el momento de emprender mi primer viaje. Tome la decisión de cambiar el crudo invierno Chihuahuense por el cálido y tropical clima del bello Mazatlán.

Mazatlán es una ciudad situada en el municipio que también lleva el mismo nombre y se encuentra en el estado de Sinaloa en México. Es famoso por sus playas, cuyas aguas pertenecen al océano pacifico.

En aquel entonces no tenía un presupuesto muy amplio, así que intente planear el viaje de la forma más económica posible, y a pesar de mi escasa experiencia viajera, creo que hice un buen trabajo. Opte por el autobús como el medio de transporte en el que me trasladaría. El viaje se realizo de noche y el recorrido duro cerca de catorce horas.

Apenas entrar a la ciudad, me dí cuenta que había llegado en cuanto vi pasar una “pulmonía” por la ventanilla del autobús. Para quienes desconozcan el dato, las pulmonías son pequeños coches muy similares a los utilizados en la caricatura de los Picapiedras. Estos vehículos carecen de ventanas, y solamente cuentan con un techo que protege a las personas de los rayos solares. Comúnmente se utilizan como medio de transporte para los turistas, ya sea fungiendo como una especie de taxi, o para pasearlos por los puntos más bonitos de Mazatlán.

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Mi hotel se ubicaba en un área conocida como Playa Olas Altas, así que en la central de autobuses tome una pulmonía por 80 pesos para llegar a mi destino. La pulmonía recorrió gran tramo del famoso malecón de Mazatlán, permitiéndome gozar por unos  15 minutos de las hermosas vistas del mar.

La Playa Olas Altas está ubicada en el Viejo Mazatlán,  llamado así  debido a que aquí se encuentran las construcciones y plazas más antiguas de la ciudad. Desde este punto,  la zona dorada queda algo retirada.

El primer día que pase en la perla del pacífico lo aproveche para recorrer la parte sur del malecón. Camine desde Playa Olas Altas hasta el conocido Faro de Mazatlán situado en la cima del famoso Cerro del Crestón. En mi andar, pude parar a tomarme fotografías con algunos monumentos que se extienden a lo largo del malecón, como lo fueron el de  Pedro Infante y Agustín Lara, conocidos exponentes de la música mexicana.  También hice una parada  en el emblemático escudo del estado de Sinaloa, pero sin lugar a dudas mi lugar favorito de esta ruta fue el Paseo del Centenario, una especie de camino de escaleras que se abre paso hacia el mar, desembocando en una pequeña plaza en forma asimétrica y oval. Las vistas que se pueden admirar desde el paseo son verdaderamente espectaculares, suele decirse que es un sitio ideal para que los enamorados vean caer el atardecer.

Desde ahí me dirigí al Cerro. Es importante mencionar que si alguna vez tienen la intención de conocer el faro, es necesario llevar ropa cómoda, sobre todo zapatos adecuados, pues la única forma de acercarse a la pequeña construcción, es subiendo a través del cerro, y créanme si les digo que es una labor algo cansada, o al menos lo fue para mi.

El cerro cuenta con un camino habilitado que se extiende en forma de espiral hacia la cima. Mientras subía, recuerdo haberme quejado muchas veces de mi mala condición física, pues más de una vez tuve que parar para recobrar un poco el aliento, sin embargo, a medida que ascendía y podía ver el mar, me daba cuenta que cada paso valía absolutamente la pena. El océano estaba ahí frente a mí, exhibiendo toda su maravillosa grandeza. El faro en realidad no me impresiono tanto, para mi la verdadera atracción fueron las vistas del mar desde la cima del cerro.

También es importante que mencione que el acceso al cerro es completamente gratis. Yo recomiendo muchísimo darse una vuelta por ahí,  créanme que van a tomar muy buenas fotos desde arriba.

Regrese ya tarde al hotel, pero a pesar de que estaba oscureciendo y que mis pies estaban hechos polvo, salí a explorar un poco el largo malecón. A esa hora ya había un buen tramo abarrotado por numerosos puestos de comida, helados, bebidas preparadas y hasta venta de souvenirs. Yo compre unos “taquitos de salchicha” bañados en queso amarillo, en lo personal, no me gustaron mucho, pero sirvieron para quitarme el hambre atroz que sentía.

El siguiente día fue más provechoso aun. Procure levantarme temprano para trasladarme al conocido Acuario de Mazatlán, el cual abrió sus puertas al público el 13 de septiembre de 1980.

Para poder llegar al sitio sin tener que gastar mucho en taxis o pulmonías, decidí tomar el autobús. Cerca de mi hotel pasaba el camión Sábalo-Centro, el cual cobraba en ese entonces una cuota de 10 pesos por persona. Fue una buena decisión, el sábalo-centro atraviesa prácticamente todo el malecón y pasa también por el centro de la ciudad, atravesando un poco más allá de la zona dorada. Como yo no conocía la ciudad, pedí a una mujer que iba sentada a mi lado que me indicara la parada para el acuario, y ella muy amable así lo hizo.

El costo para acceder al acuario fue de 120 pesos por adulto e incluía la entrada general para recorrer todas las áreas, y contemplaba  la posibilidad de acceder a una serie de shows montados con animales.

El acuario se encuentra compuesto por diversas secciones, como lo son el área acuática, en donde pueden observarse bastantes peces de todos los tamaños y colores, el museo del mar, que hace una exposición de fósiles, caracoles y conchas, el jardín botánico compuesto por diversos árboles y plantas, el aviario en donde se exhiben gran variedad de aves, y finalmente la pecera oceánica, en donde es posible observar pequeños tiburones y peces de gran tamaño.

En lo personal tuve una visita agradable, sin embargo mis expectativas eran mayores, considero que el sitio se encuentra un poco deteriorado y descuidado en sus instalaciones y pienso que es necesario que se inviertan mayores recursos para mejorarlo.

Más tarde decidí continuar explorando a pie el malecón hasta la zona dorada, pues el punto desde donde me encontraba no quedaba muy lejos de ahí.

A medida que avanzaba, me encontraba con lindas y relajadas playas, imagino que esto mucho tenía que ver con el hecho de que decidí visitar Mazatlán en enero y no en época de calor, cuando, según he escuchado, está a reventar.

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Ese día comí en un sitio cercano a la zona dorada que me gusto mucho, se llama Chiles y básicamente se dedica a la preparación de tacos de carne asada. Decidí pedirme dos quesicarnes para comer. Para quien no lo sepa, la quesicarne es una tortilla de harina doblada en forma de taco y rellena con carne y queso, va muy bien acompañada por una buena salsa picante. Cada quesicarne cuesta un aproximado de 25 pesos y dos o tres de ellas son más que suficientes para quedar saciado.

Para regresar al hotel tome de nueva cuenta el camión Sábalo-Centro. El autobús de regreso no hace el mismo recorrido que el de ida, por lo que tuve que bajar cerca del centro histórico y a partir de ahí caminar un par de cuadras.

El tercer día visite la famosa Isla de la Piedra, la cual no es propiamente una isla, sino más bien una península que se encuentra unida a la ciudad por un angosto tramo. Para poder ir a la Isla de la Piedra es posible hacerlo mediante una lancha, la cual cobra unos 20 pesos por cruzar, sin embargo, yo opte por contratar un tour en catamarán. Este tipo de tours se consiguen prácticamente en cualquier lado. En todos los sitios vas a encontrar a gente ofreciendo el servicio a diferentes precios.

En mi caso, yo tome el de la compañía que tenía acuerdo con mi hotel y pague la cantidad de 300 pesos, monto que incluía el paseo en el barco, bebidas no alcohólicas a bordo, la visita a la Isla y comida y barra libre al llegar ahí, y finalmente una actividad a realizar. Entre las principales actividades se encontraban el paseo a caballo a orillas de la playa, un recorrido por la isla en una especie de carreta y el kayak. Yo escogí el paseo a caballo.

Normalmente el servicio de tour incluye el traslado del muelle al hotel y viceversa, para el cual el personal de la compañía de tours pasa a recogerte en una auriga. Las aurigas son camionetas rojas que trasladan a pasajeros en la caja exterior y se caracterizan por llevar la música a alto volumen.

El paseo en catamarán fue una de las cosas que más disfrute al visitar Mazatlán. Una vez a bordo del barco se te permite acercarte a la orilla para tener mejores vistas. El recorrido incluyo el avistamiento de la cueva del diablo y la cueva de la garganta, dos huecos en conjuntos rocosos que se encuentran incrustados en el mar.

En época de invierno también es posible observar la piedra lobera en donde pueden admirarse a los lobos marinos nadando cerca.

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El recorrido que se realiza previo a arribar a la isla dura aproximadamente una hora. Al llegar y bajar del catamarán, unos camiones pasan a recogerte para posteriormente trasladarte hasta la playa, en donde es posible realizar las actividades elegidas y echarse a descansar tranquilamente.

Después de un ajetreado, pero satisfactorio día, llegue al hotel a descansar un poco, para más tarde salir en busca de comida italiana… sí, italiana. Me gustaría hablarte de las delicias marinas de Mazatlán, sin embargo  nunca he sido fanática del pescado ni de los mariscos, por lo que no consumí dichos alimentos.

En el centro histórico de la ciudad y a dos cuadras de mi hotel pude encontrar La Mona Pizzería, un sitio pequeño y tranquilo en donde se pueden degustar ricas pizzas y pastas. Sí algún día visitas La Mona Pizzería, no te puedes ir de ahí sin antes probar la riquisisisima tartaleta de queso, ¡te lo digo en serio! es de los mejores postres que he probado en mi vida… y no exagero.

El cuarto día y ya acercándose el momento del no deseado regreso, salí a recorrer el centro histórico.

Muchas veces al ir a pasear al mar buscamos atracciones relacionadas con la playa o la fiesta, pero olvidamos por completo incursionar en la ciudad misma, y en ocasiones, ésta tiene bastantes cosas buenas que ofrecer. Una excelente opción es visitar la Plaza Machado, ahí se ubican muchos restaurantes y puedes encontrar un local de helado artesanal que esta buenísimo.

Cerca también se encuentra el teatro Ángela Peralta, edificio que debe su nombre a la artista teatral que falleció después de pescar la fiebre amarilla que ataco el puerto en el pasado. El teatro Ángela Peralta cobra tan solo 15 pesos por el recorrido dentro del lugar y yo lo recomiendo.

A solo un par de cuadras de distancia de la Plaza Machado se ubica la bella y amarilla catedral de Mazatlán, sitio adecuado para tomarse un par de fotos.

Si tus planes son hacerte de algunas compras, te recomiendo visitar el Mercado Pino Suárez, el cual  está situado cerca de la catedral, ahí puedes encontrar de todo, desde pequeños recuerditos como llaveros, tazas o playeras, hasta dulces oriundos de la región, sin mencionar que probablemente encontraras todo a un precio mucho más barato que en cualquier otro sitio.

Por la tarde de ese mismo día camine hasta la zona dorada recorriendo el malecón con dirección al norte y hasta donde se encuentra el centro nocturno en forma de castillo llamado Valentinos, que es donde finaliza el malecón.

Recorrer el largo tramo de ésta área permite fotografiarse en todos los monumentos característicos de Mazatlán, entre ellos, el monumento a la mujer mazatleca, el monumento al pescador, el monumento a la continuidad de la vida (uno de mis favoritos), el monumento a la pulmonía, etcétera.

Ese día nuevamente comí en Chiles las quesicarnes que tanto me gustaron. Finalmente pase toda la tarde echada sobre la fina y clara arena de la Playa Cerritos.

El último día lo aproveche para pasar el rato en la playa Olas Altas mientras observaba a un par de surfistas hacer su magia, y por la tarde acudí de nueva cuenta a la Plaza Machado, en donde comí riquísimo en uno de los pequeños restaurantes de los alrededores, el sitio se llama Kit Kat, el cual recomiendo ampliamente, pues no solamente la comida es rica, sino que el trato es excelente y los precios muy accesibles.

Mazatlán dejo un bonito recuerdo en mi memoria y la promesa de un próximo regreso. México en verdad está lleno de maravillas turísticas que vale la pena conocer.

La fecha en que visite la perla del pacífico fue en enero del año 2016 y este fue el primer viaje que realice de manera independiente y el cual dejó sembrada en mi la inquietud de seguir conociendo lugares, por lo menos en los periodos vacacionales y siempre que las oportunidades me lo permitan.

Aquí conocí el valor real de viajar, porque aun y cuando mi estancia en Mazatlán se llevó tan solo una semana, el recuerdo quedo vivo para siempre. Mientras escribía este artículo (un año y medio después), y miraba las fotos del recorrido, notaba como la emoción llenaba mi pecho y me hacía revivir las sensaciones que experimente estando allá.

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“La vida es demasiado corta como para postergar las cosas que nos hacen felices”.

 AUBE

4 respuestas a “¡Mazatlán!, conociendo la perla del Pacífico

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