Envejecer

(Quisiera acompañar esta entrada con mi poema favorito, “La Marioneta”, del autor mexicano Johnny Welch)

Si por un instante Dios se olvidara de que

soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida,

posiblemente no diría todo lo que pienso,

pero en definitiva pensaría todo lo que digo…

La marioneta (fragmento)

            El tiempo transcurre invariablemente rápido, más de lo que me gustaría, debo admitir. Hoy es 23 de marzo, y hoy estoy cumpliendo 32 años de vida. No voy a negar que me gustaría tener una máquina del tiempo (sí es que estas de verdad existen), para así volver a través de los meses y años, y tener entonces la posibilidad de situarme en todos aquellos momentos que pude haber aprovechado más, por lo valiosos que fueron, o para corregir esos errores, a efecto de cambiar algunas cuantas circunstancias de las que no me enorgullezco.

Daría valor a las cosas,

no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más,

entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,

perdemos sesenta segundos de luz…

la marioneta (fragmento)

            Una de las cosas que más me ha hecho ruido en la cabeza durante los últimos años, es el tema de la muerte. Confieso que le tengo un profundo temor…, no debería, es decir, para allá vamos todos ¿qué no?, la muerte forma parte de la experiencia de vida misma. Sin embargo, hay algo implícito en ella que deja cierta sensación inquietante, todo ese misterio que la envuelve, el desconocimiento respecto de lo que hay después… porque claro, al fin y al cabo, humanos, nos gusta creer que hay un después, se nos complica asimilar la posibilidad más lógica de todas, la que dicta que puede que después no exista nada.

            Me viene a la cabeza un recuerdo de hace algunos años. Cuando estudiaba la maestría en Psicología Criminal, uno de los profesores de la asignatura de Criminalística de Campo nos llevó en una visita guiada al Servicio Médico Forense. Ahí pude presenciar por primera vez una necropsia. Recuerdo muy bien la experiencia, quizá haya sido una de las más impactantes que he presenciado. Aquella vez, lejos de sentirme impresionada por las habilidades de la médico legista en su labor por descubrir la causa de deceso de una persona, me sentí muy acongojada.

            El hombre sobre la plancha de metal lucía como un ser humano cualquiera, lo había sido, después de todo, un alguien con alguna clase de historia, familia, buena o mala suerte, y quizás algunas cuantas ilusiones, sin embargo, en el momento mismo que le miraba, solo parecía un triste cuerpo inerte, una masa de carne, sangre y huesos. Durante ese lapso estuve pensando que estaría yo como él algún día, sobre esa plancha fría, y entonces un escalofrío me recorrió la columna vertebral, y me di cuenta de que no estaba lista para morirme…

            Aunque si somos sinceros… ¿quién si lo está?

Andaría cuando los demás se detienen,

despertaría cuando los demás duermen,

escucharía mientras los demás hablan,

¡y cómo disfrutaría de un helado de chocolate!

la marioneta (fragmento)

Sentí un profundo respeto por el cadáver que contemplaban mis ojos, y sentí pena también, porque en aquel cuarto frío con olor a formol, yo parecía ser la única persona que le contemplaba buscando imaginar a la persona que un día fue, y no ese objeto de estudio en el que parecía haberse convertido.

Ha pasado ya algún tiempo desde ese día, y sigo sintiendo temor a morir. No es miedo a alguna clase de dolor físico, ni siquiera a la posibilidad de saber que mis órganos y tejidos se llenaran de gusanos hasta convertirse en polvo, no, definitivamente no es eso.  

Es una sensación que obedece a la mera posibilidad de dejar de existir. De extraviar a la Alba que he construido, de perder la conciencia, y los recuerdos, y los sueños y deseos.

Sí Dios me obsequiara un trozo de vida,

vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,

dejando descubierto no solo mi cuerpo

sino mi alma…

la marioneta (fragmento)

            Pensar en la muerte nos hace sentir vivos, por curioso y contradictorio que eso suene. Justo hoy, mientras perdía el tiempo en twitter, me he topado con una frase que me ha gustado mucho:

“La muerte destroza al hombre; la idea de la muerte le salva…” EM Forster

            Y es verdad, mientras contemplamos la idea de morir, podemos experimentar emociones muy humanas, muy propias “de estar vivo”, sentimientos que nos vuelven conscientes de nuestra existencia, anhelos, melancolía, ilusiones…

El hilo de pensamiento acaba por invitarnos a contemplar todas aquellas cosas que nos gustaría realizar antes de partir de este mundo, y resulta casi cómico, que solo entonces nos volvemos conscientes de que no somos eternos, de que el tiempo existe solo aquí y ahora, y que más nos vale saber aprovecharlo.

Dios mío, si yo tuviera un corazón,

escribiría mi odio sobre el hielo

y esperaría a que saliera el sol…

la marioneta (fragmento)

            Usualmente, cada fin de año me gusta escribir alguna entrada sobre los acontecimientos vividos en la anualidad reciente, hago un balance de todo, una reflexión sobre las metas a futuro y los aprendizajes recibidos.

            Ciertamente, el 2020 fue una excepción para mí. Una excepción para todo, intente escribir un par de líneas muchas veces, pero no salió nada, nada de nada, estaba seca. Y resulta curioso, pues ha sido uno de los años que más tela da para cortar.

            Fue un año jodido, eso ni dudarlo, pero impactante para la vida de muchos, y a nivel global, quiero decir, la clase de año que trascenderá a través de la historia como el año en que el mundo se detuvo.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas,

un poema de Benedetti,

y una canción de Serrat sería la serenata

que ofrecería a la luna…

la marioneta (fragmento)

Hace exactamente un año que mi mundo también se pauso. Recuerdo que fue para mi cumpleaños 31 cuando nos avisaron en la oficina que tendríamos que trabajar a través de guardias estructuradas. El virus había llegado a México días previos a bordo de un vuelo internacional proveniente de Italia (al menos esa es la noticia oficial que se tiene), y por tanto, era preciso guardar todas las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias.

Ese cumpleaños acabó sintiéndose muy gris, muy “equis”, tristón, el primero de mi vida en que no recibí el abrazo de nadie. Los abrazos, después de todo, estaban siendo catalogados como peligrosos, imprudentes, había que evitar abrazar a otras personas.  

Por aquel entonces yo creía que el tema de la pandemia sería algo pasajero, temporal, que nos jodería un poco la vida por algunas semanas y ya estaba. Jamás pensé que la anormalidad se alargaría tanto en el tiempo, tanto, que ahora hasta sabe a normalidad.

Regaría con mis lágrimas las rosas,

para sentir el dolor de sus espinas,

y el encarnado beso de sus pétalos…

la marioneta (fragmento)

            Los meses que vinieron, se tornaron difíciles, me sentí ahogada en una marea interminable de emociones. Hoy realmente no sé si fue la falta de mi familia, a quien solo podía ver por videollamada durante bastantes meses, las largas noches de insomnio que desestabilizaron todas mis fases del sueño, el reiterado temor de perder a la gente a la que amaba, las inseguridades potencializadas, la ausencia de los dulces viajes, o la incertidumbre del mañana, la que me llevo por un empinado precipicio que no dejaba de descender. Sin embargo, ahora puedo mirarlo en retrospectiva, y debo confesar que siento cierta pena por esa muchacha desorientada y temerosa, esa misma que incluso me parece desconocida, y quisiera tanto regresar un poco el tiempo, solo para darle aquel abrazo que tanto sentía necesitar.   

Dios mío, sí yo tuviera un trozo de vida,

no dejaría pasar un solo día,

sin decirle a la gente que quiero, que la quiero,

convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos,

y viviría enamorado del amor…

la marioneta (fragmento)

El virus me quito a mi abuelo, a la par que muchos de mis conocidos iban perdiendo también a sus seres queridos. Para el momento en que todo pasó, yo ya tenía bastantes meses postergando la visita a papa Chachin, pensaba ingenuamente que ya habría tiempo luego de verlo, que no era momento de visitar a nadie, después de todo, la publicidad de todos los sitios rezaba la frase más repetida del año: “¡quédate en casa!”.

Y no lo fui a ver, y me quedé en casa, y ya no lo vi nunca más, salvo guardado en aquella cajita de madera que ahora contiene sus cenizas. Y no puedo evitar pensar en lo duro que es, no haber tenido una despedida de verdad, una última partida de cartas, un último baile en la cocina, una última película del siglo de oro mexicano, un abrazo suyo, un… “¿cuándo vuelves a venir, muchacha?”, para responder luego que “pronto”, a pesar de no sentirme capaz de cumplir esa promesa.

A los hombres les probaría cuán equivocados están,

al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,

sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse…

la marioneta (fragmento)

Y ha tenido que ser a través de este catastrófico año, para que haya podido entender de verdad lo efímera que es la vida. Y quizá por eso no pude escribir nada decente a finales del 2020, porque ahora mismo no tengo ni idea de lo que va a pasar mañana. Resulta doloroso poner el corazón en intenciones, cuando existe la posibilidad de que algo fortuito surja de pronto, y vuelva a destrozar las ilusiones de todos nosotros.

Desde luego que no todo es triste, supongo que algunos ahora valoramos un poco mejor lo que tenemos… esa libertad que de a poco retorna, los abrazos, esos tan escasos, el tiempo para estar con la gente importante en nuestras vidas, y hasta la capacidad que tienen nuestros pulmones para acceder al hermoso proceso de respirar.

A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar,

a los viejos… a mis viejos,

les enseñaría que la muerte no llega con la vejez,

sino con el olvido…

la marioneta (fragmento)

Solo espero que el recuerdo de esta pandemia pueda trascender en nuestra memoria siempre que mostremos apatía por la vida.

Cuando el virus estaba en pleno auge, leí una entrada en uno de los blogs por los que he sentido más cariño desde que estoy en la blogosfera, en ella, su autor comentaba que el aprendizaje que iba a quedarnos como sociedad tras la pandemia, sería al parecer únicamente a título individual y no colectivo, opinión con la que coincido bastante, pues como colectividad ya hemos demostrado bastante lo mucho que somos capaces de fallar. Durante todos estos meses hemos mostrado egoísmo, insensibilidad, falta de empatía, y ¡nos cuesta la mar ponernos de acuerdo!

Sin embargo, un cambio individual tampoco viene mal. Ojalá seamos capaces de conservarlo, de valorar lo bueno de la vida, de abrazarlo y aferrarnos a ello, de agradecer por las cosas más simples, que son las que al final de cuentas, vuelven el proceso de existir interesante.

Tantas cosas he podido aprender de ustedes, los hombres,

he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña,

sin saber que la verdadera felicidad

está en la forma de subir la escarpada…

LA MARIONETA (FRAGMENTO)

            En pleno octubre del 2020, cuando se suponía debería estar en Sevilla, realizando un sueño de viaje que tenía planeado desde inicios de ese año, me encontraba en cambio en un curioso pueblo del Caribe llamado Kantunikil, albergada en un refugio con otras 76 personas, luego de que un imprevisto huracán categoría 4 hiciera desalojar la isla paradisiaca en la que me disponía a pasar mis vacaciones.

            A pesar de la extraña situación y de los planes arruinados, aquel viaje se convirtió en uno de los más importantes. Pude entender y valorar lo que tenía, y dejé de quejarme de todo cuanto no podía tener. Haber visto el sol aquella mañana en mitad de esos campos verdes, paso a ser uno de los mejores recuerdos que conservo, no solo en la historia de mis viajes, sino en la historia de mi vida. 

He aprendido que cuando un recién nacido

aprieta por vez primera con su puño el dedo de su padre,

lo tiene atrapado para siempre…

la marioneta (fragmento)

            Así que hoy solo me place sentirme agradecida, por lo que he podido vivir y por lo que he logrado aprender siendo Alba, la Alba que hoy cumple 32 años, por esas enseñanzas, que han venido en forma de buenas y malas experiencias, pero que han dejado aprendizaje valioso tras su paso, y que eso ya por sí mismo vale muchísimo.

            El día de hoy, a pesar de las circunstancias actuales, a pesar de que seguimos estando a merced de un virus que nos ha golpeado duro a todos, a cada cual, de diferente forma, a pesar de que nuestro destino sigue pareciendo incierto, y de que nuestras esperanzas están puestas en una vacuna que se aplica a cuenta gotas, a pesar de todo eso, la chica que escribe hoy estas letras, se siente muy diferente de la Alba que hace una anualidad cumplía 31…

He aprendido que un hombre

solo tiene derecho de mirar a otro hacia abajo

cuando ha de ayudarle a levantarse…

la marioneta (fragmento)

Me gustaría mucho tener la capacidad de decir que ahora soy una mejor persona, que he conseguido arribar a una habilidad real para cometer menos errores, para reprochar menos y agradecer más constantemente, pero esa sería la mentira más grande de todas, porque sigo siendo una humana imperfecta a la que si Dios da vida, seguirá enfrentando nuevos retos, y seguramente seguirá tropezando por ahí de vez en cuando… pero al final del día, de eso se trata envejecer, de evolucionar a través del tiempo, de aprender por medio de los errores, de nunca dejar de madurar… de equivocarse, y de aprender a lidiar con las consecuencias que traen las equivocaciones, así que por malo que suene, realmente no lo es, pues finalmente… de eso se trata vivir.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,

pero realmente de mucho no habrán de servir,

porque cuando me guarden dentro de esa maleta,

infelizmente me estaré muriendo…”

la marioneta (fragmento)

Llegará el día en que habrá que partir, seguramente privados de la posibilidad de despedirnos, pues la muerte es incierta y suele visitar de manera sorpresiva, al final, lo único que vamos a recordar en el momento de exhalar el último aliento de todos, será el recuerdo de lo aprendido, ese oro valioso que nos dejaron los años, y entonces volaremos por ahí… a la nada, a un lugar mejor o incluso quizá de regreso… la verdad es que nadie lo sabe, pero cuando por fin estemos a unos metros del suelo, sepultados en la oscuridad que cobija la tierra de este mundo, nuestra historia, la historia de los que fuimos aquí, estará acabando para siempre.

ALBA

4 respuestas a “Envejecer

  1. El pasado nos encadena, el futuro nos asusta, por eso el presente se nos escapa (algo así reflexionaba Gustave Flaubert). No dejemos que se escapen ninguno de los buenos momentos de cada día por pequeños que sean, aprovéchalos antes de que se conviertan en un pasado que después quisiéramos cambiar. ¡Feliz Cumpleaños! .

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  2. Feliz cumpleaños! Me gustó mucho tu reflexión de la muerte. Cómo, irónicamente, el pensar que algún día partiremos nos llena de vida.
    Mi cumpleaños es en pocos días también, y es casi imposible no compararlo con un aniversario de pandemia! Qué año más particular.
    Un abrazo!
    Fran

    Le gusta a 1 persona

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