Buenos Aires: Tercera Parte

Era mi último día en Argentina, amaneció haciendo bastante sol y calor, ¡27 grados centígrados en enero!, a pesar de eso agradecía estar sufriendo ese clima y no el intenso frío que suele haber en mi Chihuahua por estas fechas.

Para ese día solo quería relajarme y conocer un par de lugares más. A pesar de que al principio estuve muy contrariada sobre a donde ir primero, en esta ocasión ya tenía muy aprendido aquel mantra sobre “conocer con calidad y no por cantidad”.

Salí del hotel a eso de las 10:00 de la mañana, frente al Obelisco tomé un Uber y le pedí que me llevara al barrio de la Recoleta, pues no podía dejar de conocer ese sitio, que me habían recomendado tantas veces.

Había un lugar en particular que me interesaba mucho conocer, y que descubrí mientras hacía mi itinerario por Buenos Aires. Se trataba del Ateneo Grand Splendid, que me cautivo desde que le viera en las primeras fotos del google. El Ateneo es una cadena de librerías que existe en la Argentina, sin embargo, la empresa acogió el que fuera el viejo edificio donde anteriormente funcionaba el teatro Grand Splendid, de ahí el nombre de la actual librería, la primera que conozco cuya estructura luce precisamente como eso, ¡como un teatro!, la diferencia es que donde antes hubiera butacas para los espectadores, ahora lo componen estantes repletos de libros, y la zona que conforma el escenario, hoy involucra mesas de lectura para los visitantes.

Estuve bastante rato en el Ateneo, sacando fotos por aquí y por allá, también aproveché, el tiempo para comprar postales de Buenos Aires para mis amigos. 

Más tarde, eché a caminar por bastantes calles de Recoleta, mi intención era encontrar el famoso cementerio, pero estuve un poco perdida, dando un montón de vueltas antes de dar con el dichoso lugar. Al menos la caminata bajo el sol valió la pena.

El cementerio de la Recoleta es muy visitado por los turistas, es famoso debido a sus elegantes y enormes mausoleos y bóvedas que guardan los restos de personalidades importantes de la Argentina, entre los que se encuentran políticos, artistas, empresarios, premios novel, etcétera. Las bóvedas, además, fueron construidas por renombrados arquitectos, algunas de ellas tienen incluso estatuas de gran tamaño. Puedo asegurar que, hasta el momento, es el cementerio más interesante y bonito que he visto en mi vida.

El acceso es completamente gratis. En la entrada hay unos mapas tras vitrina, en donde es posible consultar la disposición de las tumbas, así como a quien pertenece cada una de ellas.  

Volví a tomar un Uber de regreso pasado el mediodía, pero esta vez pedí al conductor que me bajara en el Teatro Colón, pues moría de ganas por conocerlo por dentro.

Para poder hacerlo, debí contratar una visita guiada y pagar mil pesos argentinos (precio a extranjeros), la duración de la visita es de aproximadamente cincuenta minutos y suele accesarse con grupos numerosos. En mi caso, éramos alrededor de 30 personas. Ya en el interior del teatro, la joven guía procedió a darnos las instrucciones de rigor, y nos habló un poco sobre la historia de la estructura, los procesos de restauración que se han llevado a cabo a lo largo de los años, y nos dijo, como dato curioso, que el Teatro Colón goza de poseer la sala con la mejor acústica del mundo.

Visitamos primeramente todas las salas ajenas al escenario, mi favorita fue el Salón Dorado, pues su belleza es impresionante, tiene enormes espejos en cada extremo, los detalles en oro abundan y los muebles lucen antiguos y elegantes. Su construcción lleva el poderoso sello parisino, este salón ha sido comúnmente empleado como sede de algunos conciertos de cámara y conferencias.

El escenario sin duda corta el aliento, mis compañeros de tour y yo tomamos asiento en las butacas y nos maravillamos admirando los alrededores de la sala principal, el techo y su interesante cúpula que presume las pinturas de artistas franceses, ver una obra o un concierto en ese lugar debe ser espectacular. Las butacas están estratégicamente acomodadas. Uno de los palcos esta destinado para el presidente Argentino, sin embargo no tiene una visión muy buena, en forma de broma, alguien hizo el comentario de que el palco tiene aquella ubicación para que la gente pueda admirar al importante político, quien de alguna forma y sin saberlo, se vuelve parte del espectáculo.

En el pasado había butacas en las orillas inferiores al escenario, las cuales se encontraban enrejadas y estaban asignadas a las viudas. Sin embargo, la ubicación de los asientos era por demás deprimente, aquellas mujeres tenían la peor vista de todos los asistentes, si mucho, alcanzaban solo a mirar los pies de los actores. Actualmente esos espacios funcionan como almacenes para la utilería de las obras.

Por la tarde anduve recorriendo los alrededores cercanos al Obelisco, compré souvenirs para traer a casa, incluso me compré un mate y su bombilla, algunos alfajores para mis papas y otros chuches más.

Ese día también vi a León, estuvimos comiendo empanadas de carne picante y de jamón con queso en una de las banquitas de la Plaza del Congreso, luego probamos el delicioso helado de flan y dulce de leche y caminamos un rato por algunas calles del bullicioso centro de Buenos Aires. Le externe mi agradecimiento por el tiempo dedicado y por haberme llevado a conocer otros sitios de la ciudad.

Volví al Hotel a terminar de empacar todo. Al igual que cada final de viaje, me sentí un poco melancólica, supongo que es algo normal, después de todo, me lleva meses enteros planear, preparar, e informarme sobre cada sitio, experimento mucha ilusión a medida que el tiempo pasa y la fecha de viajar se acerca, y cuando por fin lo hago, el tiempo se va volando, y cuando menos lo espero, ha llegado el momento de regresar a casa.

Argentina me dejo un hermoso sabor de boca, y muchas ganas de volver. Regrese cargada de recuerdos, fascinada por las maravillas naturales que observe en Bariloche, y por toda la cultura bohemia de Buenos Aires.

Escribí este artículo en los meses de confinamiento tras la pandemia de coronavirus. Reconozco que al hacerlo experimente una carga más fuerte de nostalgia. Siempre se añora con mayor ansía los días felices cuando son tiempos de crisis.

Hoy finalmente, siento que de a poco y tras este amargo año, vamos avanzando hacia una relativa y curiosa normalidad. Vamos a paso de tortuga, eso sí, pero ya cualquier progreso es bueno.

Anhelo el día de volver a viajar como antes. Mi vida ha dado giros bruscos y acelerados en los últimos meses, sé que no solamente me ha ocurrido a mí, sino a muchos habitantes del planeta que sufrieron la pandemia cada cual de diferente forma.

Pero siempre queda la esperanza. Los viajes para mí, representan mi esperanza.

Alba

2 respuestas a “Buenos Aires: Tercera Parte

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