¡Buenos Aires!: Primera Parte

Show de Tango callejero

Después de estar cinco días en las maravillas patagónicas del sur del planeta, tome un vuelo de regreso a la capital argentina con la intención de quedarme tres días más para seguir disfrutando de ese bello país.

Lo primero que noté al bajar del avión en el aeropuerto Jorge Newberry (mejor conocido como “aeroparque”), ¡fue el cambiazo de clima!, en Bariloche sufrí por las inclemencias del frío, y en Buenos Aires, bueno, el calor del veraniego mes de enero me recibió con temperaturas que oscilaban entre los 25 y los 28 grados centígrados.

¡Quería hacer muchas cosas en BsAs!, pero aquella ciudad era tan inmensa para mí, tan distinta a los últimos lugares que había estado recorriendo en mis viajes, en donde solo busqué pueblitos y sitios pequeños, como Bacalar, San Carlos en Sonora, y finalmente Bariloche. Pero en esta ocasión me encontraba ante una ciudad inmensa, intimidante, con un flujo de gente por demás numeroso, ¡pero también muy hermosa!

El sabor que me dejo Buenos Aires lo describo entre la fascinación y la sorpresa, porque no me lo esperaba así de bello, porque me sentí un poco perdida en algunos momentos, sin saber a dónde dirigir mis pasos, sin saber que visitar primero… ¡pero cada experiencia valió toda la pena del mundo!

El primer día salí a la calle dispuesta a conocer el centro. Tenía la ventaja de que mi hotel estaba relativamente cerca del obelisco (monumento icónico de la ciudad), así que solo tenía que caminar un par de cuadras. Preguntando por aquí y por allá, pude tomar la avenida Diagonal, misma que me conduciría hasta la Plaza de Mayo.

En mis andanzas por la avenida, me sentí muy impactada, debo admitir que llegue a la conclusión de que Buenos Aires es probablemente una de las ciudades más elegantes en las que he estado, al menos a nivel arquitectónico. Las construcciones que conforman el centro salen de lo común, te envuelven en la majestuosidad de sus edificios, y llaman a la necesidad de recorrer todo a detalle, con la vista bien atenta a cada fachada, cada calle, cada nueva sorpresa.

Encontré la Plaza de Mayo después de caminar algunas cuadras, y entonces comprendí todas esas reseñas que había leído en internet sobre viajeros que hablaban de la influencia francesa en la arquitectura de los edificios porteños. Ciertamente, yo nunca he estado en grandes ciudades de Francia, pero recorrer esas calles me recordó a las fotografías que he visto de Paris y sus bonitos edificios.  Para mí, Buenos Aires estaba resultando un descubrimiento encantador.

En la Plaza de Mayo pude mirar la bonita fachada de la Casa Rosada, sitio destinado a concentrar al poder Ejecutivo de la Argentina, y el que, sin lugar a dudas, se convirtió en mi edificio predilecto de esa corta visita. Sin embargo, me fue imposible visitar su interior, según tengo entendido, para hacerlo es preciso agendar una cita previa. Aunque si pude aprender un dato curioso, y es que el color rosado de la pared exterior se debe a la utilización de pintura mezclada con sangre de cerdo.

Casa Rosada

En la plaza de mayo también se encuentra la Catedral Metropolitana, sitio en el que el actual papa Francisco ofició misas durante aproximadamente 20 años.

Mientras echaba un vistazo a la Catedral, se vino a mi mente el Teatro Degollado que conocí en Guadalajara (México) en 2017, pues a mi parecer, guardaba cierta similitud en su estructura exterior con la impresionante iglesia. También pude ver el edificio del Cabildo y el del Banco de la Nación Argentina. Cada rincón de ese pedazo Porteño era pura majestuosidad, y como era de esperarse, me gaste la tarde ahí haciendo selfies, tomando fotos, recolectando en mi memoria la mayor cantidad de recuerdos que pudiera.

Comí una milanesa con papas y una coca cola bien fría, pero reconozco que eche un montón de menos al picante. En México también se comen milanesas, así que, como Mexicana que soy, me apetecía bañar la carne empanizada en salsa verde de chile jalapeño y tomatillo, y comerla acompañada con una gruesa tortilla de maíz recién salida de la máquina, pero ¡hombre!, estaba en Argentina, y ahí no había picante, y tampoco razón para quejarme, así que acabe poniéndole mostaza jajaja.

Volví al hotel a descansar. Para ese momento, había comprendido una cosa, Buenos Aires me recordaba mucho a la Ciudad de México, dos grandes capitales repletas de gente, desbordadas por el turismo, mostrando bellezas impresionantes en sus ciudades y conservando el alma pura de la cultura de sus naciones, pero que también, y lamentablemente, evidenciaban la cruda pobreza. Vi a mucha gente sin hogar durmiendo en las calles del centro porteño, incluso a una familia entera donde había dos bebes, una situación verdaderamente triste. Me sentí identificada estando en Argentina, yo también venía de un país hermoso, que, a causa de malos gobernantes, ahora presenta severos problemas de inseguridad y pobreza.

El siguiente día decidí empezarlo desde temprano.

Despertar en otro país es siempre un poco intimidante, pero al mismo tiempo muy emocionante. Abrir los ojos y no saber a ciencia cierta qué hacer, o a dónde ir, en dónde desayunar y cómo trasladarse de un lugar a otro.

Opte por la opción más simple, la más cliché de cualquier turista, y conseguí boletos del bus turístico para los días que estaría en Buenos Aires. El bus me permitiría desplazarme por las principales zonas de la ciudad, bajando y subiendo una y otra vez siempre que quisiera y además, escuchando un audio guía. Algunos viajeros más aventurados no lo recomiendan mucho, pero a mí siempre me ha parecido una buena forma de conocer la ciudad sin sufrir inconvenientes.

Ese día solo hice un par de paradas, ya que debía hacerme cargo de unos pendientes durante la tarde. Mi primera y más provechosa fue en la Plaza del Congreso, desde donde pude admirar el impactante palacio que funge como sede del poder legislativo de la ciudad. El precioso edificio en color blanco dispone de una cúpula de ochenta metros de altura y de algunos bonitos monumentos que no hacen más que acentuar su belleza.

Plaza del Congreso, edificio del Congreso al fondo

Estuve ahí alrededor de una o dos horas, sentada en las banquitas del parque cercano al congreso, a ratos también en el pasto, haciendo lo propio con la cámara, observando a la gente, curándome la sed con una botella de agua… hasta que finalmente debí volver al hotel.

Había quedado con una familiar de un conocido mío acá en México que me pidió de favor entregarle un par de cosas, cómo aquello no me costaba ningún trabajo así lo hice, me puse de acuerdo con la chica, quien además acabo convirtiéndose en mi amiga jajaja. Platicamos un rato, y otro tanto lo use para caminar por la avenida diagonal, comprar recuerditos para mis hermanas y finalmente regresar de nueva cuenta al hotel.

Conocí a León en la tarde/noche de ese mismo día. En algún punto de principios de 2019 coincidimos en estas páginas de viajeros donde uno se mete para practicar otros idiomas y demás. León y yo nos volvimos buenos amigos desde entonces, y aunque nos seguimos ambos en nuestras redes sociales y compartimos muchas charlas desde aquel año, fue un poco intimidante quedar de verme con alguien a quien nunca había visto de manera personal en mi vida. Recuerdo que antes de reunirnos se me vinieron un montón de locas ideas a la cabeza… ¿y si León era un asesino serial?… ¡por suerte no lo fue!

Apenas verlo aparecer sentí que ya lo conocía de antes, y es que, de hecho, de alguna extraña forma lo hacía. Lo abrace con gusto, e inmediatamente después le explique que los mexicanos solemos abrazar siempre, y entonces él me respondió risueño que los argentinos también lo hacían, jaja.  

La conversación fluyo bastante bien, León me entregó un fernet y unos alfajores de obsequio, yo también le lleve un tequila desde México, y una playera de “Pancho Villa”, (personaje conocido de la Revolución Mexicana), ello, con su distintivo sello chihuahuense, desde luego.

Gracias a él pude conocer rincones porteños que me hubiera sido difícil encontrar por mi cuenta. Caminamos como veinte mil calles jaja, pero descubrí sitios preciosos de Buenos Aires, parques y plazas muy bonitas, incluso pude admirar una presentación de tango callejero. Conocí Galerías Pacifico, una especie de Centro Comercial famoso por sus murales, mismos que fueron elaborados por distinguidos pintores argentinos.

Galerias Pacífico

Después de estar en Galerías paramos un rato en la Plaza San Martín, desde donde hice algunas fotos, luego anduvimos hasta Retiro para tomar un metro y acudir al barrio de Palermo, donde pudimos detenernos a descansar y cenar en una pizzería. León y yo platicamos sobre la ciudad, nuestras vidas, sobre mi pasión por los viajes y su gusto por el fútbol y los idiomas, sobre todo por el portugués y el ruso. Él tuvo la oportunidad de conocer Rusia el agosto pasado, cuando yo me encontraba en Sonora, en ese entonces me envió algunas fotos, pero apenas ahora pudimos platicar más ampliamente sobre su aventura en aquel país.

Haber conocido a un amigo de otra tierra, a alguien con quien llevaba hablando algún tiempo, pero que nunca antes había visto en persona, ha sido una experiencia de verdad bonita. Argentina me maravilló de muchas formas, pero una de las más grandiosas tiene que ver con la calidez de su gente, la camaradería y el buen trato hacia los visitantes.

Teatro Colón al fondo

Aquel día fue muy bueno, pero aún faltaban dos más, así que volví al hotel dispuesta a descansar y agarrar pilas para el siguiente.

Alba

4 respuestas a “¡Buenos Aires!: Primera Parte

  1. Estuve un total de tres noches en Buenos Aires, pero debo admitir que no la exploré como hubiese querido. Espero volver algún día y ver las cosas que se me quedaron.

    ¿Fuiste a shows de tango? Imagino que sí, que eso vendrá luego. Yo fui a tres: La Ventana, Tango Porteño, y Café de los Angelitos. Los tres me encantaron, aunque el que más me gustó fue Tango Porteño.

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    1. Hola Samuel!!
      Tristemente tampoco lo explore como hubiese querido!!, Quería ver taaantisimos lugares, pero al final preferí dedicarle tiempo a mis sitios favoritos!! También estuve tres días solamente.
      No asistí a ningún show de tango, solo mire algo del tango que se montan en las calles y en el barrio de la Boca, por caminito.
      Buenos Aires es una ciudad preciosa!!

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      1. ¡Qué lástima! Aunque eso depende de si te gustan los shows o no, pues hubo personas en mi grupito que a Tango Porteño les aburrió, otros que les fascinó. Yo estuve entre esos últimos. Es una experiencia distinta, probablemente lo mejor que verías del tango fuera de una competencia profesional.

        Yo también vi uno de esos shows “callejeros”, me parece fue en la calle Florida, o cerca. Muy bueno también.

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      2. Siii me gustan, sobre todo cuando es un show de baile… Amo toda clase de bailes,me dejan embobada todo el rato. Seguro habría disfrutado de esos shows que dices. Un abrazo!!

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