Bariloche (Parte Final): Visita al Cerro Campanario y acercamiento al Llao Llao

Vista desde Cerro Campanario

Si para ese momento estaba convencida de que ya no podía ver algo más hermoso en Bariloche, las vistas del Cerro Campanario vinieron a callarme la boca.

El último día de mi estancia en aquel trozo patagónico, amaneció muy frío también, pero para ese momento ya estaba mejor equipada, con bufanda y gorro de estambre, no era gran cosa, pero sí una evidente mejoría al conjunto de prendas que llevaba en mi maleta.

Como de costumbre, salí del hotel por la mañana y caminé con destino a la calle Mitre, para ubicarme en las oficinas de Turisur y esperar al guía. En esta ocasión tocó el turno a una simpática mujer de pelo trenzado, quien nos explicó que esa mañana estaríamos haciendo el tour comúnmente conocido como circuito cerrado, que consistía en una visita al Cerro Campanario, donde ascenderíamos a su cima por medio de una aerosilla, posteriormente haríamos la parada en una fábrica donde trabajan la “rosa mosqueta”, esa florecilla que crece de manera silvestre y que es tan común por Bariloche y cercanías, y que tiene grandes propiedades para la industria cosmetológica. Finalmente podríamos acercarnos al Llao Llao, el hotel más lujoso y caro de Bariloche, el cual podríamos fotografiar desde una distancia considerable.

Esta vez mi grupo acompañante era más variado, iba gente de Inglaterra, de Australia, del norte de Argentina, Brasil, Colombia y como no, mi México iba conmigo. Lo primero que hicimos fue acudir a las faldas del Cerro, donde pudimos adquirir boletos para la aerosilla, la cual era estrictamente necesaria sí queríamos subir.  

El Campanario es de hecho, un cerro bajito si se le compara con el resto de sus hermanas montañas, sin embargo, es muy visitado por los turistas debido a las espectaculares vistas que se obtienen de ahí, incluso se dice que es el lugar desde donde se puede apreciar el mejor panorama del Nahuel Huapi y del resto de lagos y maravillas naturales que se encuentran en derredor, como el brazo Blest, la Isla Victoria, la península San Pedro, la Laguna El Trebol, el cerro Otto, entre muchas otras más.

Cuando subí a la aerosilla iba con esa emoción que se clava en la boca del estómago. Al ir sola únicamente ocupaba un lugar. Supongo que en ese momento me volví consciente de lo que significa viajar solo, y sin ánimo de parecer egocéntrica, admito que experimente orgullo de mi misma, de saber que era capaz de ir a donde fuera sin que la ausencia de acompañantes representase un problema para mi.

Al llegar a la cima los trabajadores del cerro me ayudaron a bajar. Ahí recibimos instrucciones de la guía sobre los tiempos que podíamos estar, casi inmediatamente después corrí al mirador que previamente nos había recomendado ella misma… ¡WOOOOOW!, me quedé de piedra ante el paisaje. Frente a mi tenía la que seguramente ha sido la imagen más hermosa que he podido ver en…  ¡seguramente toda mi condenada vida!

El aire estaba súper frío allá arriba, y me dolían los dedos en cada ocasión que me retiré los guantes para tomar fotos, nunca me sentí tan torpe para manipular la cámara como en ese momento, pero no me importaba mucho, la verdad, pues no me quería ir de ahí, de ese precioso paisaje conformado por lagos, montañas y bosque.

Estuve respirando aire helado, muy, muy helado, y el clima amenazaba con pegarme una buena gripe, pero ¡qué diablos!, ve tú a saber cuándo iba a poder volver a ese lugar, así que mientras estaba ahí, hacía lo posible por disfrutarlo cuanto pudiese… me tome como veinte mil fotografías, casi pierdo los dedos en el intento jajaja, pero no eran tan importantes cuando la misión consistía en inmortalizar esa vista. Me supo a gloria el rato ahí, admirando la belleza del paisaje, que parecía la pintura de un artista muy habilidoso, una pintura gigante de la que yo también formaba parte. Tenía esa sensación de calma, de absoluta paz, y de ganas de llorar, porque soy tan sosa que cuando me emociono, me da por soltar las lágrimas.

Después de un rato considerable, volvimos al combi y nos dirigimos a la Fabrica de la Rosa Mosqueta. Ahí, un grupo de mujeres nos dieron una rápida explicación sobre las propiedades de la Mosqueta, pudimos probar aceites y cremas, y hasta un té que se elabora con los pétalos de la flor.

Más tarde hicimos diversas paradas en sitios conformados por puentes y paisajes naturales, desde donde podíamos admirar el Llao Llao en la distancia, en el último paraje tuvimos al hotel más cerca, era una especie de aldea y un sitio estratégico para sacar fotografías.  Ya en México y después de subir esas mismas fotos a redes sociales, una amiga me hizo el acertado comentario de que el Llao Llao daba un aire al Hotel Overlook, aquel famosísimo lugar de la peli El Resplandor, donde el protagonista interpretado por Jack Nicholson comienza a volverse loco tras una serie de apariciones macabras, y acaba por querer asesinar a su familia.

Juzguen ustedes mismos el parecido.

Hotel Llao Llao en Bariloche
Hotel Overlook (El Resplandor). Originalmente inspirado en Hotel Stanley Fotografía: copyright© magazine.trivago.es

El Llao Llao es uno de los hoteles más exclusivos de Bariloche, incrustado entre las montañas y con unas vistas al Nahuel Huapi que deben ser privilegiadas. Hacer visitas al hotel para conocer sus instalaciones es permitido, pero hay que agendar previa cita y asistir por cuenta propia, pues solo permiten un aforo máximo de personas al día.

El circuito chico acabo con esa última parada. La combi nos llevó de vuelta a Bariloche y, como era el final en aquella ciudad de ensueño, decidí pasarlo caminando por las simpáticas calles del centro cívico. Me detuve a comer en un sitio italiano (y es que allá abundan, no olvidemos la fuerte influencia italiana en la nación argentina). Me pedí unos spaguettis con salsa arrabiata, ¡aún se me hace agua la boca al recordarlos!, y de postre un delicioso pudín de pan con dulce de leche… ¡ah!, los placeres que deja la comida…

El centro estaba más concurrido ese día, probablemente porque era sábado. En mi recorrido pude disfrutar de una banda musical callejera, ¡la de fiesta que tenían esos chicos!, poniéndonos a todos a bailar al más puro estilo de la cumbia. Poco nos importó el frío a los que estábamos abarrotando el lugar, pues la música era tan buena que decidimos permanecer ahí, emocionados mirando a los integrantes de la banda. Y pues, es común que con el ritmo uno se deje llevar, empiece a menear el esqueleto, y cante esas canciones que conoce, ríe, grabe y observe a la gente que disfruta igual. En ese instante era una mexicana rodeada de personas de otros países, pero me sentía tan compenetrada con todos … como si nadie ahí fuera desconocido, como si todos fuéramos potencialmente colegas. Fue un momento bonito para cerrar el día.  

Hice mi última visita a las chocolaterías, y compré más y más chocolate del que ya tenía. ¡lo que sufrí cerrando la maleta!

Por la noche me pego la clásica melancolía de fin de viaje, ese añorar anticipado ante la idea de dejar atrás un lugar maravilloso. Aun así, me fui agradecida con la vida por haber conocido un sitio tan perfecto como aquel…

Bariloche te enamora para siempre, y aunque ahora solo vive en el recuerdo, ha pasado a formar parte de la lista de lugares a los que espero volver algún día.

4 respuestas a “Bariloche (Parte Final): Visita al Cerro Campanario y acercamiento al Llao Llao

  1. ¡Alba esos hoteles son de película! Me has dejado boquiabierto con estas fotos, y babeando con la última. Me encanta el chocolate, sobre todo ese tan artesanal y que encima viene en esas cajitas tan hermosas. Alba creo que me estás inspirando mucho en eso de viajar solo, tengo que probarlo y hacer como tú, aventurarme y luego escribir en mi blog lo que he sentido y vivido. Me atreveré, y te daré el mérito a ti, jajaja.

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    1. Será hermoso cuando lo hagas!!, ya lo veras. Viajar te da vitalidad y te hace sentir como nuevo!!, me encantaría poder leer en tu blog esa experiencia tuya llegado el momento, porque con la magnífica habilidad que tienes de escribir en Anhelarium, estoy convencida de que sería un capítulo hermoso!!, el hotel Llao Llao te habría encantado contemplar. Ninguna foto de las que he subido en estas cinco entradas de Bariloche le hace verdadera justicia al paisaje, ya te imaginarás lo bello que es. Y lo del chocolate, es una experiencia deliciosa jeje, aún conservo algunas de esas cajitas 🤗

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