Bariloche (Cuarta Parte): Acercamiento a Cerro Tronador

El Cerro Tronador es un volcán actualmente inactivo que se encuentra en la frontera entre Chile y Argentina, muy cerca de la ciudad de Bariloche. Numerosas empresas de turismo ofrecen la visita al cerro tronador, aunque más que “visita” yo lo llamaría “acercamiento”, pues únicamente te acercan a la base del cerro, desde donde se puede recorrer un pequeño sendero. No por eso, el tour deja de ser fascinante, pues lo más atractivo del paseo es el trayecto mismo que se lleva de camino, pero bueno, no me adelantaré.

El Tour a cerro tronador era para mí el más esperado desde que decidí hacer mi itinerario de viaje, pues había visto tantas fotos en internet sobre el lugar, que todas mis fantasías con Bariloche me trasladaban a esos paisajes de ensueño, así que, en el penúltimo día en tierra patagónica, procure despertar temprano, pues debía estar en las instalaciones de la agencia al punto de las siete y media de la mañana.

Recuerdo haber salido del hotel a tiempo, y la tremenda sorpresa que me llevé cuando el viento frío de esa mañana me recibió, calándome en los huesos, por un momento me sentí muy confundida, ¡era el jodido verano en Argentina!, y yo, tan poco precavida, solo había llevado una sencilla chamarra de mezclilla, que, lejos de cobijar, apenas conseguía cuidarme un poco del viento.

No le di mucha importancia, pensé que el clima mejoraría con el pasar de las horas y la caída del sol, así que rápidamente me dirigí a la calle Mitre, donde minutos más tarde el guía de turismo pasó a recogernos.

Al igual que el día anterior, tuve que pagar una cuota de 500 pesos argentinos extra, pues el Cerro Tronador forma parte de los Parques Nacionales de la Argentina, así que hicimos una parada para cubrir la tarifa.

La combi en la que me trasladaba siguió un trayecto en ascenso para poder llegar hasta el Tronador, así que a medida que avanzábamos, el frío en el exterior era cada vez más crudo. Dentro del vehículo era casi imperceptible, pero luego, cuando tocaba parar y bajar en algún punto para tomar la foto, había que sufrir un poco el demandante viento.

Atravesamos algunos lagos en el camino, ¡una maravilla visual!, luego, el guía nos propuso hacer una parada fotográfica en un bonito río, cuyo nombre la verdad es que no recuerdo bien, pero cerca había una confitería donde podíamos tomar un breve almuerzo. Ahí estuvimos unos veinte o treinta minutos más o menos, tiempo en el que hice fotos al río y a todos los preciosos lupinos, esas flores silvestres que tanto me gustaron en mi viaje. Finalmente, presionada por el frío me refugie en la confitería donde empecé mi saludable desayuno con unas papas fritas, una coca cola y un alfajor enorme relleno de dulce de leche y espolvoreado con coco rallado…  jaja

Reanudamos trayecto hacia el Tronador después de almorzar, y cada tanto rato hicimos paradas en esos sitios dignos de fotografiar, aunque ya te digo yo que, en aquel pedazo del planeta, todo lo que se mira merece ser fotografiado, los paisajes son tan bonitos que a veces no se sabe para dónde apuntar primero el lente de la cámara.

Entre esas paradas tocó bajar a mirar el Lago Mascardi, desde donde se aprecia la famosa Isla Corazón, la cual guarda la trágica leyenda de una historia de amor imposible, muy al estilo de Romeo y Julieta, pero situada en la cultura de los indios Mapuche. Por ahí leí en algún sitio que la leyenda cuenta como los descendientes de dos tribus rivales se enamoraron, la pareja de jóvenes, al saberse descubiertos, optaron por huir de sus disgustados padres, pero fueron alcanzados por estos en la orilla del Lago Mascardi, desesperados por escapar, ingresaron en las gélidas aguas del lago con el propósito de cruzar a la orilla, sin embargo, al cabo de nadar un rato, experimentaron los síntomas comunes de la hipotermia, lo que los volvió débiles, y blancos fáciles de las flechas lanzadas por sus persecutores. Los jóvenes acabaron falleciendo abrazados y se hundieron en el lago Mascardi, justo en el sitio donde se formó la Isla Corazón. Una historia dramática, trágica y fantasiosa, pero confieso que tengo debilidad por todos estos relatos que cada ciudad guarda entre sus rincones.  

Lago Mascardi, el follaje que se aprecia en las aguas del lago, justo al lado izquierdo de la foto, es la Isla Corazón

Reanudamos el paseo después de estar veinte minutos en el Mascardi, para ese momento tenía todo el cuerpo tieso y padeciendo frío, me refugiaba a ratos en la combi y cuando tomaba un poco de calor, volvía a bajar para mirar todo. Hoy sé que de haber ido más abrigada, habría disfrutado mucho mejor del paisaje, pero bueno, de todos modos me traje lindos recuerdos.

La última parada que hicimos antes de llegar al Tronador fue en el Ventisquero Negro, uno de los catorce glaciares que tiene el volcán. Según nos explicó el guía, el glaciar recibe ese nombre debido a que, en determinadas áreas pareciera volverse de color oscuro, a diferencia del resto de glaciares, que suelen ser completamente blancos. Ver el Ventisquero fue la mejor parte del tour, cuando lo observe de cerca no podía caer en cuenta de su belleza, “¡IMPRESIONANTE!” es una forma muy pobre de describirlo, porque ese paisaje esta fuera de serie. Bajé de la combi sin saber lo que iba a encontrarme, recuerdo ir andando distraída, sin prestar atención al frente, miraba más bien mis manos, que iba frotando obsesivamente a causa del frío que no se me quitaba, y que para ese momento, había asumido ya no se me iba a quitar, cuando de pronto alce la vista al escuchar la exclamación de alguien y entonces… ¡DIOOOOOOOOOOS!, tenía ante mí una de las más maravillosas vistas que he contemplado en lo que llevo de vida: la montaña accidentada creando un hondo espacio al vacío, desde donde se apreciaba lo que parecía ser un lago color verde menta con algunos pocos trozos de hielo flotando sobre sus aguas. De ese lugar saque cientos de fotos, cientos y cientos, y ni una, ¡ni una sola!, le hace verdadera justicia.

Ventisquero Negro

El frío se me olvido en ese lugar, y por suerte, el sol comenzó a pegar por un rato, probablemente ahí caí en la cuenta de dónde me encontraba, ¡en la grandiosa Patagonia, caray!, ¡en el jodido sur del continente americano!, y experimente una curiosa sensación eufórica.  

Estuvimos 30 o 40 minutos ahí, recuerdo haber pensado que podría estar en ese lugar toda la vida y nunca cansarme de observarlo.

Llegó el momento de volver a la combi y retomar, fue así que finalizamos el paseo en las faldas del Tronador. Para ese momento y desde semejante altura, el frío retorno y el cielo se puso nublado. Observe la montaña con respeto ante su majestuosidad, la recuerdo muy oscura, casi de color negro, y con algunas áreas cubiertas por nieve en su totalidad. De hecho, el Tronador recibe ese nombre por el crujido que emite cada tanto rato a causa de los desprendimientos de nieve que se producen todo el tiempo. Recibimos la indicación por parte del guía de permanecer ahí por espacio de dos horas, la combi estaría cerrada así que podíamos matar el tiempo admirando el volcán, transitando por el pequeño sendero ya mencionado al principio, o almorzando en el restaurante que había al lado. Yo opte por la última opción, ya que me encontraba muy cansada y tenía frío, un frío muy perturbador cabe agregar. Hoy por hoy me arrepiento de no haber transitado por el sendero del volcán, pero el clima en el exterior era muy fresco y comenzó una ligera llovizna.

Cerro Tronador

Después de comer en el restaurante salí a tomar fotos del pedazo de volcán que tenía ante mí, y de los lupinos color violeta. Luego converse un poco con dos mujeres muy agradables, madre e hija, la más chica tendrá mi edad y era abogada. Me contaron que ellas vivían en una región colindante entre Argentina, Brasil y Bolivia y que estaban de viaje por vacaciones, la abogada trabajaba para el sistema de justicia argentina en los tribunales y era súper amable, conversamos poco, como por 25 minutos a lo mucho, pero hablar con ellas me hizo confirmar una vez más que la gente de Argentina era preciosa en su trato, estando allá, tan lejos de mi casa y de mis seres queridos, ni una sola vez me sentí sola.

Cuando volví a Bariloche, lo primero que hice fue comprar un par de prendas abrigadoras, me quedaba un solo día allá, pero al siguiente también visitaría una montaña y necesitaba algo más que una chamarra de mezclilla. Luego anduve entre chocolaterías, tuve una cena deliciosa y finalmente volví al hotel. Antes de quedarme dormida pensé en el ventisquero negro y en toda su hermosura, hasta que perdí la consciencia con esa imagen estando en mi cabeza.

ALBA

5 respuestas a “Bariloche (Cuarta Parte): Acercamiento a Cerro Tronador

    1. Son preciosos chicos, aún falta la última entrada sobre Bariloche jajajaja, a lo mejor ya cansé a todo el mundo escribiendo solo de eso, pero es que cada pequeño rinconcito del mundo merece la pena. Ojalá un día puedan ir a esa maravilla natural. Muchos abrazos!!

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  1. Yo m hubiera aventurado a transitar por la senda del volcán contigo jajaja. Viajes sola o acompañada, siempre te pegas unos viajes preciosos. Como te decía en el comentario anterior, viajar es una cosa que no hago en mi vida, y tu me inspiras a hacerlo.

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