Bariloche (segunda parte): Ruta por 7 lagos a San Martín de los Andes

 

p5

Y se llegó el primer día de turisteo por ese pedazo de Patagonia. Previo a viajar yo había contratado una serie de tours con la compañía “Turisur” que había encontrado por mi cuenta en Internet, y cuyas oficinas se ubicaban sobre la calle Mitre, camino al Centro Cívico de Bariloche.

La ruta a San Martín llamo mi atención desde el primer momento que husmeé en la página de la compañía de turismo. Había una galería de fotos que compartía imágenes de preciosos cuerpos de agua, carreteras rodeadas de flores coloridas, y pueblitos de ensueño, por lo que me fue fácil decidirme por esa opción.

Eran las 8 de la mañana cuando la guía encargada de la ruta pasó a recogerme, fui la última pasajera en subir a esa pequeña combi y la única mexicana, mi grupo acompañante se encontraba conformado en su mayoría por argentinos de otras provincias, un par de chicas chilenas y dos brasileños.

Compartí asiento con una simpatiquísima niña de 10 años llamada Gianna, gracias a ella tuve con quien hablar durante el trayecto de varias horas. Gianna era muy parlanchina y curiosa, así que no paraba de hacer preguntas sobre mi país, sobre los niños de México o el acento que yo tenía. Quería saber sobre el colegio y cuánto tiempo duraban las vacaciones acá, pero sobre todo le interesaba todo tipo de información relativa a las aplicaciones de juegos en el celular. La recuerdo con cariño, y lo halagada que me sentí cuando me pregunto si acaso tenía 17 años, porque de esa edad me veía según ella, jajajajaja, ¡que inocencia tan linda la de los niños!

La primera parada que hicimos se realizó en Villa La Angostura, un pequeño pueblo argentino situado a hora y pico de Bariloche, ¡encantador, verdaderamente!, casi toda la calle principal presumía adorables rosales de muchos colores, al verlos recordé de inmediato a mis dos abuelitas y lo mucho que ellas amaban las flores.

p1

La calle principal de Villa La Angostura lucía como esas adorables aldeas de navidad, con tiendas y casitas de madera, algunas con fachadas de colores pastel. Lamentablemente, solo dispusimos de treinta minutos para pasear por ahí, así que solo camine un par de cuadras, tome algunas fotos y volví a la combi.

Retomamos el camino hacia San Martín por la conocida “Ruta 40”, y a partir de ese momento comenzamos el recorrido de los 7 lagos, el cual se encuentra conformado por siete preciosos y diferentes cuerpos de agua en los que se va haciendo “paradas fotográficas”. Los siete lagos los componen el Lago Espejo, Lago Correntoso, Lago Machonico, Lago Escondido, Lago Falkner, Lago Lácar y Lago Villarino. Cada uno es particularmente bonito, y todos ellos guardan ciertas diferencias entre sí, pero mi favorito sin lugar a dudas fue el lago Falkner, ya que parecía una pequeña playa situada entre las montañas, cuando lo vi, recuerdo haber pensado que me encantaría vivir en un sitio así, suspire y, cómo decimos los mexicanos, “me cayó el 20 de dónde estaba”, porque ¡Diablos!, ¡ese era el sur de Argentina, y yo estaba apreciando el paraíso montañoso de mis sueños!

p6

En el trayecto a San Martín pude apreciar que la carretera se encontraba repleta de matas de florecitas de colores, sobre todo en tonalidades lilas, moradas y rosas, más tarde supe que se llamaban Lupinos, y se convirtieron sin lugar a dudas, en mi vegetación favorita de la Patagonia. Por lo que pude percibir, la gente los apreciaba poco, creo que el motivo es porque son extremadamente comunes allá y crecen de manera silvestre en todos lados, pero yo, tan ajena a esos paisajes y tan acostumbrada a los del desierto de mi tierra, quede enamorada de esas flores.

p4

Llegamos a San Martin al medio día, y ahí tuvimos unas dos o tres horas para comer y pasear por la ciudad. San Martín presumía arquitectura similar a la conocida en Bariloche o en Villa La Angostura, pequeñas calles repletas de jardines con rosas y simpáticas y campiranas casitas de madera.

Aproveche el tiempo para comer un hot dog y unas papas fritas… lo sé, lo sé, estaba en Argentina y resulta casi un crimen que me pidiera esa clase de alimento que puedo encontrar en cualquier sitio, jajaja, pero confieso que cuando viajo, en el tema de la comida de primeras tiendo a ser desconfiada, así que acabo pidiendo lo que tengo seguridad que va a gustarme, y conforme los días van pasando y me acostumbro, voy variando un poco más hasta atreverme a consumir comida típica del lugar que visito.

Durante las siguientes horas camine por la municipalidad de San Martín, saque fotos de las rosas patagónicas, de las calles y de todo cuanto podía, me fascinaba admirar el paisaje de montaña a lo lejos, delimitando la ciudad.

p3

Regresamos a Bariloche a eso de las tres y media de la tarde, más o menos, pero antes hicimos nuevamente una parada en Villa La Angostura, donde pudimos pasear otros cuarenta minutos, ahí aproveche para comprar mi primer trípode para la cámara, pues eso de viajar sola trae aparejado el gran problema de que no hay quien te saque las fotos, así que yo me arreglo como puedo con el selfie stick o pidiendo favores a la gente, pero era hora de buscar otro remedio.

Finalmente, en Bariloche estuve pasando el rato en los jardines de la Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, ahí mire el precioso y enorme lago, me familiarice con el trípode y empecé a probarlo, hasta que el cansancio acabó conmigo y volví al hotel a descansar, estaba emocionada de estar ahí, y más que deseosa de seguir conociendo lugares.

p7

ALBA

2 respuestas a “Bariloche (segunda parte): Ruta por 7 lagos a San Martín de los Andes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s