Bariloche: Primera Parte

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Bariloche huele a pino y chocolate, y diría que a un poco de rosas también…, es el primer sitio del que me enamoro por su aroma, el que tuve oportunidad de recibir todos los días durante esas cortas vacaciones.

Sabía de antemano que se trataría de un sitio bonito, había mirado miles de fotos en internet antes de decidirme a elegir ese destino, probablemente la belleza de sus paisajes fue lo que acabo convenciéndome. Sin embargo, mirarlo en vivo y a todo color supero por mucho mis expectativas.

En este punto puedo asegurar que ninguna fotografía de las que pude haber tomado le hace verdadera justicia a ese paraíso boscoso situado entre montañas, lagos y flores.

Para llegar a San Carlos de Bariloche tuve que volar primero a la capital argentina, Buenos Aires, ahí baje en el aeropuerto internacional de Ezeiza, para inmediatamente después trasladarme al aeropuerto Jorge Newberry, mejor conocido como Aeroparque, desde donde saldría mi vuelo a aquel lugar.

Dicho traslado no me supuso mayor problema, dentro del aeropuerto de Ezeiza hay una negociación conocida como Tienda de León, la cual brinda servicio de transporte desde Ezeiza hasta la terminal madero, y de ahí al aeroparque. El boleto me costo unos 500 pesos argentinos aproximadamente, mucho menos de lo que hubiese pagado por un taxi o Uber.

El cambio de divisas lo efectué en Ezeiza en el Banco de la Nación Argentina, el cual tiene una sucursal dentro del mismo aeropuerto. Por recomendación de algunos amigos procure llevar dólares en vez de pesos mexicanos, ciertamente no quise arriesgarme a viajar con mi moneda y luego quizás tener problemas para conseguir cambiarla.

Al llegar a aeroparque descubrí una cosa que no había previsto con anticipación; el tomacorriente de la República Argentina es diferente al de México, me sentí un poco estúpida por no haber reparado en ese detalle, sobre todo porque tenía poco menos de un año planeando este viaje, sin mencionar que solo me quedaba un 40% de batería en el celular, y para esa hora del día casi todas las negociaciones del aeropuerto se encontraban cerradas. Tuve la suerte de encontrar un pequeño kiosko abierto después de una búsqueda exhaustiva, y ahí pude hacerme del convertidor y adaptador de corriente que tanto necesitaba.

Espere toda la noche ahí, caminando de un lugar a otro, utilizando el wifi del aeropuerto para matar el tiempo en las redes sociales, hasta que finalmente llego la hora de tomar el avión y volar hasta mi destino de ensueño.

El trayecto duró aproximadamente dos horas. Llegue al aeropuerto Teniente Luis Candelaria, donde tome un taxi al hotel. Pude haber ocupado el transporte público hasta el Centro Cívico de Bariloche, pero estaba muy cansada como para complicarme la vida.

Camino al sitio, pude ver por la ventana el paisaje verde y montañoso. El sueño me vencía, pero aún así era consciente de lo maravilloso que era ese lugar, la clase de sitio con el que he soñado toda mi vida…

Cuando el coche entro en la población se me fue un poco el aliento, pues todo lo hermoso se incrementaba en cada cuadra que avanzaba el automóvil, daba la sensación de estar en uno de esos lugares boscosos que describen tan bien los cuentos infantiles.

Mi hotel se encontraba sobre la avenida Vicealmirante O´Connor, la cual corría en el mismo sentido que el Nahuel Huapi, uno de los lagos argentinos con mayor extensión territorial.

Tras registrarme y dormir por un par de horas para matar el cansancio acumulado, finalmente me decidí a salir del hotel y conocer un poco de Bariloche. Tome la calle Mitre, ya que había leído que era una de las principales del centro y la que me llevaría exactamente al corazón de la ciudad. Uff… andar ahí fue maravilloso para mi olfato, lo primero que note fue la deliciosa fragancia del chocolate, ¡había tantas chocolaterías por todas partes!, que era imposible que el ambiente no se inundara con ese olor.

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Y no solo era el olor, sino el sabor, ¡Dios, que glorioso!, en casi todas las negociaciones te ofrecían degustación de chocolate completamente gratis, ¡y había chocolates de tantas formas, estilos y sabores!, incluso de aquellos que yo ni siquiera sabía que existían, como aquel que iba mezclado con hierbas patagónicas. ¡Me harte a probar chocolate!, el Marroc, el de mazapán, de frutos rojos, de menta, de coco, el de dulce de leche, los bombones rellenos de jaleas… (no puedo escribir esto sin babear un poco).

También comí helado en un sitio muy visitado de la calle Mitre, se trata de la heladería Mammusckka que también tiene una tienda de chocolate.

 

Estuve recorriendo la plaza principal del centro cívico, admiré la fachada de las construcciones elaboradas a base de madera y roca, y me senté en una banquita para mirar el Nahuel Huapi, cuya agua abandonaba el poderoso tono azulado y se volvía plateada mientras caía la tarde.

Comí en Morfys, un sitio muy cercano al centro, me pedí una pizza y una limonada para acompañar, hasta ese momento no sabía muy bien donde quedaba bien comer, pero había leído que por su fuerte influencia italiana, la argentina preparaba muy ricas pizzas y pastas, así que decidí encargarme de descubrirlo.

Al terminar de comer baje por una de las callejuelas que llevan al lago, me detuve un rato a descansar, luego a sacarme algunas fotos en los jardines de rosas de la Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, una iglesia preciosa construida con material similar al de las edificaciones del centro cívico.

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Entre caminatas y fotos se me fue el tiempo, recuerdo que una de las cosas que más llamó mi atención fue que a pesar de ser tan tarde, el cielo no había oscurecido. Hubo un momento en que mire el teléfono y me sorprendí muchísimo al ver la hora, iban a dar las nueve de la noche y aun había luz en el cielo, llegue a pensar que tenía la hora equivocada en el móvil, pero luego recordé que era verano allá, y que al estar tan cerca del polo sur los días eran más largos.

Dormí como bebe esa noche, emocionada por conocer más de ese lugar tan encantador, los próximos días estaban concienzudamente planeados para hacer una serie de tours a través de la compañía Turisur.

Pero bueno, sobre ellos ya lo estaré contando en las siguientes entradas. Para este 2020 he decidido que no haré los artículos demasiado largos, pues resulta entonces engorrosa su lectura, prefiero dividir en partes cada experiencia viajera, pues además a mí también me queda más cómodo escribir de esa manera.

 

Alba

8 respuestas a “Bariloche: Primera Parte

  1. ¡Me ha hecho sonreír cuando has comenzado diciendo que Bariloche huele a pino y chocolate! 😀

    Argentina, México y Colombia son indudablemente los países hispanoamericanos más hermosos, me encantaría recorrerlos y vivir experiencias tan bonitas como las que vives tú.

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    1. Alguna vez lo harás y te encantará, ya verás. Y también conocerás California e Islandia!! Que Islandia para mí también es un país de paisajes fuera de serie, he visto esa playa de arena negra y es que alucino!!

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  2. He ido dos veces a Argentina, visitado cuatro ciudades de allá, y todavía es que no voy a Bariloche, ¡jajaja! Argentina me fascina, ha sido mi viaje favorito. De Bariloche sí me trajeron unos chocolates de Mamushka que estaban divinos. Yo soy chocolatero, así que sé que la pasaría brutal por allá.

    Buen punto lo de las conexiones eléctricas, ese ha sido un detalle importante que he olvidado incluir en mis blogs, ya esta semana iré rectificando eso. Aunque en tu caso, ¿el hotel no tenía adaptadores? Usualmente los tienen.

    No sabía lo del transporte entre Ezeiza y Aeroparque, interesante dato, aunque lo mejor es evitar eso quedándose aunque sea una noche en Buenos Aires, porque con el tráfico es un riesgo si el tiempo de conexión no es mucho.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario!!!!! Debes ir a Bariloche, es un lugar de ensueño!! Yo no soy tan viajera como tú, pero cada que puedo me escapó jejeje y ese trocito de Patagonia me dejó muy enamorada.
      Nunca pregunté en el hotel si había adaptadores y yo decidí pasar la noche en el aeropuerto porque llegué muy tarde a Ezeiza y el vuelo a Bariloche salía muy temprano en la mañana jeje, así que me quise ahorrar esa noche. Abrazos!!

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