Pequeño Roadtrip por California: Primera Parte

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Confieso que en gran parte fue la película Bienvenidos a Elizabethown la que me influencio con esta loca idea de hacer un roadtrip. Nunca olvidaré esa emotiva escena en la que Kirsten Dunst prepara toda una escapada en carretera para el protagonista Orlando Bloom, con la intención de regalarle un tiempo a solas para que pudiera reflexionar y enfrentar todos esos demonios internos que no lo dejaban estar en paz.

A partir de entonces la idea del roadtrip siempre estuvo en mi cabeza. Me imaginaba en un auto, yendo de un sitio a otro y parando en los puntos más bonitos para sacar fotografías y admirar los paisajes mientras escuchaba épicas canciones todo el rato y cantaba a todo pulmón mis favoritas.

Fue en el invierno del 2017 cuando pude hacerlo realidad. El destino elegido fue California, yo había ido de pequeña con mis padres a visitar a unos tíos, pero era tan chica entonces que ahora solo me quedan recuerdos fugaces de esos días. Por tanto comenzó a entusiasmarme la idea de emprender esta aventura junto a mis amigas, dos locas e increíbles mujeres que como yo, aman tanto viajar.

Previo a la escapada tuvimos numerosas reuniones en las que comiendo pizza, donas y toda clase de golosinas, pudimos mirar por internet los sitios que pretendíamos realizar. Modificamos la ruta un montón de veces, cambiamos el itinerario otras tantas y en verdad sudamos la gota gorda al ver muchos de los precios de los hoteles elevados hasta las nubes. El problema estaba en que pensábamos viajar en temporada alta, pues era cuando se nos acomodaban las vacaciones a todas.

Cuando el día esperado llegó sobra decir que estábamos por demás emocionadas. Salimos de Chihuahua un jueves a primera hora de la mañana, llegamos a Phoenix Arizona a la medianoche, donde decidimos quedar a descansar hasta que amaneciera.

La mañana siguiente tomamos carretera nuevamente con destino al que sería nuestro primer sitio visitado: San Diego, California.

He de mencionar que nuestro Roadtrip fue creado para visitar pocos lugares, pero quedando a dormir en algunas ciudades entre dos y tres noches, para así poder disfrutar en mayor medida.

Ya de camino a San Diego comenzamos a notar cómo el paisaje iba cambiando, en un principio todo lucía con el semidesértico ya conocido, debido a que es similar al del sitio en que vivimos, con esas carreteras largas y solas, a cuyos lados solo se pueden vislumbrar terrenos planos y hierba seca, pero después de un rato el panorama se nos presentó cómo de montaña rocosa.

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Recuerdo haberme sentido muy emocionada en ese momento, hasta que un ruidito extrañó comenzó a escuchársele al coche, fue algo pasajero por lo que no le prestamos demasiada importancia, pero aun así pude caer en cuenta de que sí algo llegaba a ocurrir íbamos a vérnoslas difíciles en ese viaje, pues éramos tres chicas con cero conocimiento del idioma inglés, de las leyes norteamericanas y de la mecánica básica. Ya lo lamentaríamos luego, pero eso lo contaré en otra entrada.

Llegamos a San Diego por la noche, para entonces nuestros planes estaban muy bien definidos, pretendíamos quedarnos a dormir y visitar un poco por la mañana para luego partir hacia Los Ángeles.

Después de instalarnos en el hotel decidimos salir a cenar. Francamente estábamos un poco hartas de la comida chatarra, así que buscamos un sitio cerca que no tuviera que ver con comida rápida o golosinas. Curiosamente encontramos un restaurante mexicano, y como al mexicano siempre le llama la comida de su tierra, de inmediato paramos ahí.

El restaurante estaba muy cerca de la playa en un lugar conocido como La Jolla Beach. No teníamos muchas esperanzas de encontrar algo tan bueno como en México, es decir, en viajes anteriores a Estados Unidos hemos parado a comer “comida mexicana” que ni de cerca sabe tan bien cómo la que se prepara allá, pero para nuestra sorpresa esos nachos con carne estuvieron muy a la altura.

Al día siguiente despertamos temprano, nos arreglamos y echamos nuevamente las maletas al coche. Anduvimos hasta un bonito parque situado a la orilla de la playa en la Jolla y ahí hicimos bastantes fotografías. El sitio nos pareció realmente lindo, muy frecuentado por adultos mayores que desde temprano salían a pasear a sus mascotas por ese lugar, ¡qué vida!, incluso fantasee con la idea de mi jubilación en un lugar así, jaja.

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De ahí apuntamos hacia la Isla Coronado, un sitio muy mencionado en blogs viajeros, que vale la pena aclarar que más que una isla es una península. En este caso se trata de un pedazo de tierra conectado a la ciudad a través de un puente construido sobre el mar.

La vista desde la Isla Coronado es absolutamente maravillosa, ahí se puede estar tranquilamente en la playa admirando los edificios de San Diego con una tranquilidad bárbara, un sitio verdaderamente bonito que quizás albergue la mejor panorámica de la ciudad. Caminamos un rato por el muelle, haciendo fotos y deteniéndonos a admirar los barcos y veleros que ahí había.

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A lo mejor es que yo vivo lejos del mar que por eso me resulte tan fascinante cuando tengo oportunidad de verlo, pero siempre que estoy ante semejante escenario se me revolucionan todos los sentidos.

Después de un buen rato de paseo decidimos regresar al auto, y aunque deseábamos un montón quedarnos más tiempo ahí, debíamos cumplir con un itinerario concienzudamente planeado semanas atrás. Así que sin mucho ánimo nos pusimos de nuevo en carretera.

Si cierro los ojos aun puedo evocar el brillo plateado del agua, como si se tratara de un enorme espejo que invita a sumergirse en él.

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Tomamos la interestatal número 5, carretera que nos llevaría hasta nuestro siguiente destino: la ciudad de Anaheim.

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Anaheim está en el condado de Orange a unos minutos de Los Ángeles y es famosa por ser sede del primer parque Disneyland construido en el mundo.

Una de nuestras visitas obligadas era visitar el parque, así que optamos por hospedarnos en Anaheim y desde ahí trasladarnos.

Esa tarde después de comer descansamos un rato en el hotel y luego nos arreglamos para salir a conocer el barrio Hollywoodense. Anduvimos en coche siguiendo las instrucciones del maps, y nos resultó curiosa la proximidad existente entre Anaheim y L.A., ni siquiera notamos cuando salimos de una ciudad y entramos a la otra.

Confieso que cuando vi la montaña con el letrero de “Hollywood” me sentí muy emocionada, ese  sitio yo solo lo conocía por las películas, así que verlo en vivo y a todo color me resultó fascinante.

Localizamos un aparcadero en un área cercana al Paseo de la Fama y aunque nos dolió desembolsar veinte dólares para cubrir el costo, al menos tuvimos la certeza de que el coche estaría bien cuidado.

El Paseo de la Fama es muy conocido por su calle de las estrellas, que reconoce el mérito artístico de muchos actores, músicos, directores de cine, etcétera. Fue en ese lugar donde comprendí porque a Los Ángeles se le conoce como la ciudad de los sueños. Mientras andas por ahí es fácil toparse con muchos jóvenes exhibiendo su talento, actuando, bailando, cantando y ofreciendo sus discos, buscando así ingresar en ese mundillo.

Caminar por ahí me dejó una sensación rara entre el asombro y la exasperación. Es un bonito lugar repleto de negocios, cines, casinos, teatros, centros nocturnos y demás, está plagado de enormes espectaculares presumiendo campañas publicitarias, pero en ese momento estaba a tope de gente que iba y venía, por lo que apenas se podía caminar.  Por los callejones se mezclaba el inconfundible olor de la mariguana recién fumada con el de los perfumes de todas las personas que paseaban.

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Sin embargo tengo la facilidad de disfrutar de cualquier sitio, apenas piso un lugar nuevo y me convierto en la loca de las fotos, acciono mi cámara tantas veces hasta que me duelen los dedos de hacerlo. Me tomo selfies y saco capturas de la gente y de los lugares, para que así el día de mañana, cuando ya esté muy vieja y llegue a olvidarlo todo, pueda remontarme a través de esas imágenes a todos esos lugares, que me recuerden que esos días verdaderamente ocurrieron.

Por la noche volvimos a Anaheim. Al hacerlo y mientras cruzábamos una zona que dejaba una vista espectacular de los edificios, tuve uno de esos momentos sentimentales en los que solo quería agradecer. Fue un momento de estar tan emocionada que recuerdo haber querido llorar, porque viajar es lo que produce ¿saben?, te conecta de una forma tan suprema contigo misma y con el mundo que te rodea, que experimentas una sensación similar al enamoramiento, ¿enamorada de qué?, probablemente de la vida, que ha sido benevolente de muchas formas distintas, y que me lo demuestra constantemente cada vez que que tengo oportunidad de viajar un poco.

Esa noche dormí sintiéndome feliz, deseosa de conocer lo que todavía faltaba.

 

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2 comentarios en “Pequeño Roadtrip por California: Primera Parte

  1. ¡Lo que he disfrutado leyendo tu entrada, Alba! ¡Los dos lugares que más ansío conocer son Islandia y el Estado de California! Hay muchos lugares en el mundo que me gustaría conocer, pero ninguno como esos dos. Desde hace muchísimo años siento fascinación por ambos lugares. El primero porque Islandia es como un mundo dentro de otro mundo. Es algo totalmente distinto, un lugar único. Y más para mí, un chico del Mediterráneo español. Eso es como visitar otro planeta. El segundo, California, porque siempre he sido muy americanito, me encanta todo lo yankee. Desde pequeño he estado influenciado por esa cultura californiana que bien expliqué en aquel artículo de mi blog. Me alegro tanto que hayas disfrutado de este viaje, ¡que hayas cumplido tu sueño de hacer este roadtrip! ¿Sabes? A mí el genero roadmovie me apasiona. Son películas que se centran en un viaje por carretera. Ese es el tronco de la película independientemente de la historia. Pero todas tienen en común eso, que muestran un viaje largo por carretera, esas carreteras a veces tan desiertas y misteriosas que hay por Estados Unidos.

    Cuando has dicho eso de las fotos. Estoy contigo. Me da coraje cuando los típicos sermoneadores se quejan de la cantidad de fotos que se hace la gente. Como insinuando que los que hacen eso no disfrutan del viaje. No es incompatible disfrutar del viaje y sentir cada momento con hacer muchas fotos. La razón que das, por cierto, me encanta. Para no olvidar jamás. Tener ese recuerdo, plasmar ese momento. Yo soy muy tiquismiquis con las fotos. Las tengo todas clasificadas por años y estaciones en carpetas tanto en mi ordenador como en los discos duros externos que manejo. Son recuerdos materializados, que siempre nos ayudarán a recordarlo todo con más nitidez.

    ¡Un beso enorme Alba!

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  2. Álvaro, es todo un gusto leer tu comentario, al igual que siempre alegras mi día. Lo que cuento aquí fue solo el inicio del viaje, ya luego publicare el resto en dos entradas más, aunque debo adelantarte que hay un final agridulce jeje.

    Comprendo lo que dices respecto de sentir tanta emoción por conocer esos dos sitios en el mundo, imagino que Islandia debe ser grandioso, todo lleno de impresionantes paisajes naturales y verdes, y California ya te digo yo que vale la pena visitar, aunque a mi me sorprendió muchísimo el descubrir lugares que no suelen salir en las películas y que sin lugar a dudas son maravillosos.

    En mi caso en particular mi mas grande sueño era conocer dos países que desde chica me pegan muy hondo en el corazón (disculpa la cursileria jaja). Por un lado esta España, he nacido amando España sin comprender porqué, me gusta su música, su cultura, sus ciudades, el acento que ustedes tienen!!, cuando viaje allá, recuerdo haber bajado del avión en el aeropuerto Barajas de Madrid y haber pensado que todo lo que quería era besar el piso, o abrazar a los hombres de la seguridad del aeropuerto de puro gusto jaja.

    Por otro lado está Italia, y aunque pise un par de ciudades gracias al crucero, me quede con ganas de mucho más. Italia es simplemente impresionante, ni siquiera encuentro las palabras para definirla bien.

    Es por ello que quiero volver a esos dos países, pero a estar un poco más de tiempo, para conocer un montón de rincones. Quiero conocer el norte y el sur de España, por el lado de Galicia, el País Vasco y Andalucia. Y de Italia quiero conocer una ciudad llamada Alba, situada en el piamonte, muy cerca de Turín.

    Finalmente lo de las fotos, ¡has definido a la perfección lo que pienso Álvaro!, a veces en redes sociales he visto mucha negatividad dirigida hacia las personas que suben fotos de sus viajes, sus fiestas, sus pertenencias o su vida en general. Sabes, a mi me inspira la felicidad ajena, y no creo que la gente que hace fotos durante los viajes deja de disfrutar de ellos, al contrario, significa atesorar momentos.

    Yo también tengo un montón de fotos sobre mi vida jeje, y me gusta mirarlas de vez en cuando mientras escucho una buena música.

    Gracias por estar ahí siempre con tus increíbles comentarios Álvaro. Un abrazo grande!

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