Un paseo por Ajaccio

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“La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo”

NAPOLEÓN BONAPARTE

 

Después de navegar durante toda la noche me desperté temprano y subí al piso número 13 en el que se encontraba el área exterior del barco ubicada en la parte superior. En este lugar, los pasajeros teníamos acceso al buffete de comida  y al área de la piscina.

Apenas acabe de desayunar, salí al exterior, pues de acuerdo al Daily Day, estaríamos arribando a la isla de Ajaccio cerca de las doce del mediodía, y yo quería apreciar el momento exacto en el que nos acercáramos a nuestro destino.

Ya desde lejos era posible vislumbrar el conjunto de casitas en tonos marrón, beige y café claro de la isla, y conforme nos aproximábamos, tuve a la vista las pequeñas embarcaciones desde las cuales algunas personas se tomaban un momento para saludarnos alegremente con la mano.

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Vista de Ajaccio desde el barco

Para ese día estaban programadas diversas excursiones por Ajaccio, yo elegí una que incluía un paseo a pie por el centro de la ciudad, así como un breve aproximamiento a las Islas Sanguinarias, un conjunto de islotes de la ciudad famosos por sus preciosos y rojos atardeceres.

Al punto de las doce y pico del mediodía baje del barco y salí con mi grupo al exterior del puerto. Nuestra guía, quien era una simpática española que vivía en la isla, nos dirigió al autobús que debíamos tomar, no sin antes compartirnos brevemente el itinerario de aquel día.

Ajaccio es la capital de la isla francesa de Córcega ubicada en el mar mediterráneo, y es famosa por ser aquí el lugar natal de uno de los personajes más relevantes de la historia… Napoleón Bonaparte.

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Bandera representativa de la isla de Córcega

De hecho, toda la isla recuerda de una u otra forma la existencia del gran emperador.

Nuestra guía turística, de quien debo confesar no recordar su nombre, pero que para fines prácticos en la redacción de este artículo, llamaré “Mimi” nos fue platicando curiosos datos sobre la ciudad y sobre el famosísimo Napoleón.

Podría describir las calles de Ajaccio como arterias sencillas y rebosantes de tranquilidad, el lugar en sí guarda determinado encanto que te hace desear vivir ahí, por lo menos a mí me provoco dichos sentimientos mientras miraba por la ventana del autobús el paisaje que se extiende hacía la hermosa playa de aguas turquesas y cristalinas.

Durante el recorrido hubo algo que llamo la atención de todos mis compañeros de excursión incluida yo, y eso fue que entre una casa y otra, en diversos puntos de las calles, se encontraban numerosas estructuras en forma de capilla de un tamaño pequeño, en un principio yo imagine que se trataba precisamente de eso, de pequeñas capillas, sin embargo no comprendía el motivo de la existencia de tantas.

Más tarde, Mimi nos explicó que aquellas construcciones eran tumbas que resguardaban los restos de las familias fallecidas de los dueños de esas casas, y nos comentó que era común que los corsos (nativos de la isla de Córcega), enterraran a sus familiares en sus propias propiedades, situación que había sido prohibida recientemente por el gobierno.

La parte negativa de hacer una excursión en parada de crucero es seguramente el poco tiempo del que se dispone para admirar las ciudades que se visitan. Y en mi primera excursión por Ajaccio, eso me quedo muy claro.

Cuando bajamos del autobús para admirar las islas sanguinarias situadas en la Punta de la Parata, nos informaron que solo disponíamos de quince minutos para fotografiar el lugar, así que ni pensar en tomar un bus especial que nos llevaría hasta ellas, pues aun y cuando, de acuerdo con Mimi, había servicio de combis gratuitos, no alcanzaríamos a ir y venir en el tiempo del que disponíamos.

Resignada, me dispuse de inmediato a acercarme lo más que pude para capturar un par de fotos del precioso conjunto de islotes. Al parecer hay muchas hipótesis que explican porque este bello lugar recibe tan macabro nombre.

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Vista de los islotes que representan el conjunto de las Islas Sanguinarias desde la Punta de la Parata

Mimi nos explicó que han circulado historias que implican piratería o la existencia en el lugar de un hospital de leprosos que justifican el nombre de las islas, sin embargo señala que seguramente la verdadera razón por la que las Sanguinarias reciben ese nombre, es por la coloración intensa y rojiza que toman las aguas en los atardeceres del sitio.

Después de la brevísima parada en la cercanía de las Sanguinarias, Mimi nos llevó a un lugar dedicado al recuerdo del emperador Bonaparte. Se trata de la plaza de Austerlitz, en donde descansa una larga escalera que conduce a la estatua de Napoleón, y que tiene a los lados las figuras de dos águilas que recuerdan las fechas del nacimiento y de la muerte del emperador. Detrás del monumento se encuentra una cueva, en que de acuerdo con los rumores de la gente que ahí habita, en este sitio Napoleón disfrutaba de pasar las horas observando el horizonte y pensando o estudiando, pues es bien sabido que era una persona más bien solitaria que gustaba de cultivarse constantemente.

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Al igual que en las sanguinarias, el tiempo que pasamos en el monumento fue relativamente breve, pero no por ello menos provechoso, así que volvimos al autobús para posteriormente bajarnos en el centro de la ciudad, en donde Mimi nos llevó al recorrido a pie.

Fue así como llegamos a la plaza principal, en donde se encuentra otra estatua de Napoleón montando a caballo y rodeado por sus cuatro hermanos. Esta estatua reviste una extraña curiosidad, y es que originalmente la pieza se encontraba orientada hacia el mar, ya que de acuerdo a las leyendas que circulan por ahí, Napoleón así lo quiso, pues pretendía que la figura apareciera mirando hacia el mar o al horizonte, como tanto le gustaba. Sin embargo, muchos años después y ante el disgusto que el pueblo corso aun sentía por el que había sido emperador, remodelo la plaza y volteo la estatua para que ésta estuviera orientada hacia la ciudad de Ajaccio, contradiciendo así la voluntad del difunto Napoleón.

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Monumento de Napoleón, orientado hacía la ciudad después de que la plaza fuera remodelada por los corsos

Más tarde, pudimos visitar la sencilla catedral de Ajaccio, una estructura en color amarillo despintado, en donde puede accederse a tomar alguna foto, siempre y cuando se desactive el flash de las cámaras y móviles.

Caminando por sus calles, pasamos por la que fuera también la casa del emperador, sin embargo, en el sitio había una larga fila para entrar, lo que imposibilitaba que accediéramos al lugar de acuerdo al poco tiempo que teníamos.

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Catedral de Ajaccio

Como podrán ver, fue muy poco lo que conocí de la bella capital de Córcega, seguramente tendría que tirarme un par de días ahí para disfrutar verdaderamente como se debe de una ciudad con tanto encanto, sin embargo, mi breve recorrido fue satisfactorio. Aún traigo conmigo el bello recuerdo de las sanguinarias a lo lejos, y el sabor a historia que acoge orgullosamente la ciudad.

Ya me gustaría mucho admirar los atardeceres de las Sanguinarias y comprobar que efectivamente el color de las aguas es rojo, o comer alguna golosina en los cafés ubicados en las callejuelas del centro de la isla.

Seguramente, ya será en otra ocasión.

Siempre que piso un sitio nuevo, me convenzo absolutamente de que tengo que volver.

 

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3 respuestas a “Un paseo por Ajaccio

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